EL VÍTOR


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El 27 de septiembre de 1752, se recibe en Mayorga, su pueblo natal, la segunda reliquia de Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, natural de Mayorga, fallecido en Zaña en 1606 y canonizado en 1726 por el Papa Benedicto XIII mediante su bula Quoniam Spiritus por su labor de evangelización como Arzobispo de Lima.

Debido a que durante el avance de la comitiva cayó la noche, los vecinos salieron con teas y antorchas para poder iluminar el camino.

Esas antorchas improvisadas eran pellejos de vino en desuso, que se colgaron de varales para iluminar aquella noche, naciendo así lo que hoy conocemos como La Fiesta de El Vítor.

Desde entonces, cada 27 de septiembre, los mayorganos se reúnen a las 10 de la noche en la Ermita de Santo Toribio ataviados con ropas viejas, guantes y sombreros, para proteger la piel de “la pez” que cae ardiendo de sus pellejos colgados de varales.



El Vítor, que otorga el nombre a la fiesta, es un estandarte formado por una tabla policromada con adornos en tela y florales, concedido por la Universidad de Salamanca al Santo como uno de sus Doctorados. En la cara delantera se puede leer “A Santo Toribio Alfonso Mogrovejo Arzobispo de Lima Hijo de esta Ilustre Villa de Mayorga”, y en la cara posterior “A expensas de Ángel García Fierro 1951” miembro de la familia encargada de la custodia.

Este tipo de estandarte contienen anagramas que combinan las letras V, I, T, O y R (en el caso de El Vítor de Mayorga V, T, R).

El Vítor, cierra la comitiva junto con los Mayordomos de la Congregación que portan las Insignias.

Por último, detrás de ellos, la música y la gente que baila y canta a lo largo de toda la procesión.


Son antiguos odres (cuero, generalmente de cabra, que, cosido y empegado por todas las partes menos por la correspondiente al cuello del animal, sirve para contener líquidos) para conservar el vino. El empegado se hace con “pez”, un producto negro y viscoso que tradicionalmente se obtenía cociendo los tocones de pino, ricos en resina. Actualmente se queman entre 500 y 800 pellejos en la noche de El Vítor.

En la actualidad y por la escasez de odres tradicionales, después de un proceso largo y complejo de búsqueda de una solución adecuada por parte de algunos vecinos preocupados por el devenir de la fiesta, el ayuntamiento se hace cargo de la elaboración de unas réplicas (elaboradas de la misma forma que los tradicionales a base de pieles curtidas de cabra y pez)que han conseguido que desde el año 2000 la fiesta haya podido continuar tal y como se la conoce, evitando así el riesgo de desaparición de esta procesión por falta de pellejos.




A las 10 de la noche de cada 27 de septiembre arranca la procesión de El Vítor desde la ermita de Santo Toribio en dirección a la Calle Derecha por la Carretera de Sahagún. Una vez toma la Calle Derecha se sigue en dirección a la Plaza de España.

Sobre las 12 de la noche se accede a la Plaza por la Calle Cuatro Cantones y El Vítor sube al balcón del Ayuntamiento para presidir un espectáculo de fuegos artificiales, al que pone colofón el himno a Santo Toribio cantado por los mayorganos.

Una vez finalizada la tirada de fuegos artificiales en honor al santo, la procesión continúa por la Calle Cuatro Cantones y de nuevo en la Calle Derecha, se sigue hasta el final de ésta para girar a la Calle del Rollo. Esta calle no se abandona hasta que se sobrepasa el parque del mismo nombre y el Corrillo Santo Domingo. Desde allí, y con toda la Calle del Aseo por delante, se visualiza la Calle Santo Toribio.

Sobre las 4 de la mañana, se encara el último tramo de la Calle Santo Toribio para llegar al punto de partida, la ermita de Santo Toribio.

En este momento y en ese punto, se acaban de quemar los últimos pellejos que permanecen encendidos y que han alumbrado El Vítor durante todo el recorrido, y se entra en la ermita para acabar esta espectacular procesión cívico religiosa cantando una Salve a la Virgen María y el Himno a Santo Toribio.

Un año más la procesión del Vítor, declarada de Interés Turístico Nacional, ha concluido. Al día siguiente, como palabras escritas en un folio en blanco, las manchas de pez en el suelo de las calles del recorrido, recuerdan a los mayorganos que ya queda menos para el próximo 27 de septiembre.


Brillante sol de América del Sur,
Mayorga fue la cuna de tu luz,
dos mundos, pues tu lumbre recorrió,
la misma fe que fulguró en la cruz.

Ángel de paz, nacido en nuestro suelo,
tu corazón, es nuestro corazón,
la sangre real, que corre por tus venas,
aquí brotó mágico raudal.

Toribio, singular,
pastor celoso de tu grey
las almas al salvar,
en nombre vas de Cristo Rey.

América te vio cruzar
su basta inmensidad,
y al eco de tu voz,
un nuevo mundo vio la paz.

Vuelve ya tu hermoso corazón,
a este pueblo que te dio la vida,
y te implora con tu fe rendida,
tu amorosa y santa bendición.




Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo.

Nace en Mayorga, Corona de Castilla, el 16 de noviembre de 1538 y fallece en Zaña, Virreinato del Perú el 23 de marzo de 1606) fue un sacerdote, arzobispo y misionero católico español, que se desempeñó como 2° Arzobispo de Lima y organizador de la Iglesia en el virreinato del Perú.

Su erudición y virtud le llevaron a destacar en los estudios y trabajos desempeñados hasta que el rey Felipe II le propuso al papa Gregorio XIII su nombramiento como arzobispo de Lima, sucediendo a Gerónimo de Loayza.

El 16 de marzo de 1579, recibió el nombramiento para el cargo por parte del papa Gregorio XIII, cuando aún no había sido ordenado sacerdote.

Arzobispo de Lima. Labor pastoral

Toribio de Mogrovejo era consciente de la extensión de su arzobispado. Fueron tres las visitas pastorales que realizó recorriendo y organizando su jurisdicción por los abruptos terrenos peruanos. Estas visitas pastorales lo forzaron a pasar solo ocho de sus veinticuatro años como arzobispo en la ciudad de Lima, lo que le ganó algunas críticas por parte de las autoridades virreinales. El resto del tiempo, lo pasó viajando por el país.

Respecto a su labor pastoral entre los pueblos indígenas, buscaba la manera de hacerse entender por estos, bien fuera aprendiendo y hablándoles en su propia lengua.

Durante su trabajo episcopal en Lima, Mogrovejo convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583). A él se debe la impresión del catecismo en idiomas castellano, quechua y aimara que se constituirían en los primeros textos impresos en Sudamérica.

Fallecimiento

A los sesenta y ocho años, Toribio de Mogrovejo cayó enfermo en la población de Pacasmayo, pero aun así continuó trabajando hasta el final, llegando a la ciudad de Zaña en condición agonizante. Murió a las tres y media de la tarde del 23 de marzo de 1606, Jueves Santo, en el Convento de San Agustín.

Canonización y culto

Su proceso de canonización fue iniciado de inmediato, con el reconocimiento de sus virtudes heroicas. Fue beatificado el 28 de junio de 1679 por el papa Inocencio XI, mediante su bula Laudeamus y canonizado el 10 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto XIII, mediante su Bula Quoniam Spiritus.

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